Su tono enérgico contagió entusiasmo.
Los estudiantes, armados con sus pistolas de simulación, sintieron que todo el cansancio del día anterior se desvanecía, reemplazado por una nueva emoción.
—¡Sí, señor! —respondieron todos al unísono.
Entonces George tomó la palabra.
Comenzó explicando la estructura del arma paso a paso, y luego la desmontó y volvió a armar frente a todos.
Sus movimientos eran tan rápidos y precisos que parecían una coreografía.
Sus manos fuertes y elegantes se movía