—Gracias por el cumplido —respondió Alexander con calma, observando con indiferencia la expresión furiosa de William.
William, por su parte, ardía de rabia. Si hubiera podido, en ese momento le habría rompido la boca a Alexander por tan descarado.
—No te elogié —gruñó—. ¿No te conoces a ti mismo? El puntaje del SAT de Isabella fue de 748 puntos en total.
¿Y tú? No la mereces, ¿no lo ves? —lanzó, iniciando un ataque verbal.
Alexander se quedó pensativo unos segundos.
—¿748? —repitió con serenidad—. Qué curioso, es la misma puntuación que saqué yo en su momento.
William se quedó sin palabras.
Por dentro, maldijo: ¡Maldita sea!
Ahora lo recordaba: el año en que Alexander presentó el SAT, también había obtenido 748 puntos, y además lo hizo de forma anticipada.
Por eso había salido en los titulares y en los programas de noticias de moda. En aquel entonces, incluso lo habían contactado para entrevistarlo.
Alexander y Isabella tenían los mismos puntajes y ambos habían sido los máxi