Liam y Peppy, que observaban el intercambio entre ambos, comprendieron todo de inmediato. Se miraron y dijeron al unísono:
—Depende de ustedes. Justo ese día tenemos planes. Ustedes dos deben salir y divertirse. ¡No necesitan informarnos!
El rostro de Isabella se tiñó de rojo al instante.
> ¡Humph! ¡Mira lo que has hecho, Alexander! —pensó, molesta.
Alexander, en cambio, estaba encantado. Una vez más, comprobó lo útil que era llevarse bien con los suegros.
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Al mismo tiempo, en el hospital…
Simon ya estaba en la cama, pálido, con el rostro tranquilo. Trista permanecía a su lado, visiblemente angustiada.
Para ella, Simon siempre había sido un actor confiable y amable: puro, humilde y sin aires de estrella. Nunca causaba problemas.
Fue devastador verlo así, tras haber caído por unas escaleras tan largas.
—Doctor, ¿cómo está? —preguntó Trista con voz temblorosa.
El médico se ajustó las gafas sobre el puente de la nariz antes de responder:
—No es nada grave, solo