Todos desviaron la vista enseguida. Ninguno se atrevía a enfrentarse a ella.
Chelsea, aunque explosiva y de carácter fuerte, estaba entrenada físicamente y, sobre todo, era la “princesita” de la poderosa familia Galvin. Nadie osaría provocarla; como mucho, se atrevían a criticarla a sus espaldas.
Ella lanzó una mirada de desprecio a George y Ana, como si fueran dos insignificantes pedazos de basura.
George se contuvo con todas sus fuerzas, calmándose poco a poco gracias a Ana. Sabía bien que no podía tocar a Chelsea: la familia Galvin estaba entre las tres más poderosas de Sunsville, y esa muralla invisible de poder y estatus lo dejaba completamente impotente.
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Los profesores de Sunsville High School eran famosos por calificar rápido los exámenes, así que los resultados solían publicarse al día siguiente.
Al segundo día, todos los docentes de cursos junior se reunieron en la oficina, expectantes frente a la pantalla de la computadora.
Solo Quincy Yvette permaneció en su asi