Antes de que llegara Isabella, ella era la famosa señorita Star, envidiada por todos. Pero la sola existencia de Isabella le recordaba que todo aquello era una mentira.
—¿Y qué importa? ¡No eres rival para mí en nada! —dijo Ana, apretando los dientes mientras la envidia la consumía.
Apenas terminó de hablar, se encontró contra la pared.
Un agarre frío y firme le oprimía los brazos con una fuerza que la aterrorizó. Abrió mucho los ojos, incapaz de creer lo que veía.
Isabella, con su aparienc