capítulo 16

Ana estaba desesperada por convencerlos. Señaló su cuello y gritó:

—¡Ella también me estranguló! ¡Miren! ¡Debe haber marcas en mi cuello!

Todos dirigieron la mirada hacia donde señalaba, pero lo único que vieron fue su piel suave y clara. No había rastro alguno de marcas.

Era evidente que Ana había mentido para tenderle una trampa a Isabella.

Tomás, con frialdad y decepción en sus ojos, sostuvo a Isabella entre sus brazos y la acarició suavemente para consolarla.

Adriana, al calmarse, tamb
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