Isabella suspiró mentalmente.
Sabía que no debía esperar mucho de tu sentido estético…
Molly, por su parte, pensó con fastidio:
No es que tengas mal gusto, princesa… es que directamente no tienes cerebro.
Los sirvientes se miraron entre sí, anonadados.
De entre todas las cortinas de la casa, eligió la más cara… ¿lo habrá hecho solo porque brilla?
Nadie podía creerlo. Nadie esperaba que el conflicto terminara de esa manera tan absurda.
Aun así, Isabella no bajó la guardia. Sabía que la pr