Molly, ansiosa por terminar el encargo y librarse de la princesa cuanto antes, trabajó toda la noche sin descanso.
A la mañana siguiente, le llevó el vestido terminado.
Como diseñadora de renombre en Wallsvale, Molly era conocida por la precisión de su trabajo:
sus prendas finales eran casi idénticas a los modelos digitales, incluso en los pliegues más pequeños.
Nadie, jamás, había cuestionado su nivel de habilidad.
Pero cuando la princesa vio el vestido, frunció el ceño con desdén.