Alexander guardó silencio. No era el tipo de petición que pudiera aceptar con facilidad.
El viejo señor Montgomery conocía bien el temperamento de su nieto. No esperaba palabras dulces de él; le bastaba con que no dijera nada que lo enfadara.
Mientras tanto, Ronald observaba la escena desde su asiento, apretando los apoyabrazos con tanta fuerza que las venas se le marcaban en las manos. Su expresión era tan fría que resultaba perturbadora.
¡Siempre es lo mismo!, pensó con rabia contenida.
No importa cuánto me esfuerce, el viejo siempre prefiere a Christopher y a Alexander. ¡Siempre seré un extraño en esta familia!
Christopher le lanzó una mirada firme, y no le sorprendió ver en Ronald aquella mueca de odio. Era algo que esperaba desde hace años.
Con una sola mirada de advertencia, le recordó su lugar. Ronald desvió los ojos enseguida, ocultando su resentimiento tras una máscara de falsa calma.
Cuando la familia se reunió a cenar, el viejo señor Montgomery rompió una antigua tr