Mirando hacia atrás, comprendió cuánto se había equivocado, cuántas cosas había pasado por alto durante años.
Ahora, viéndolo todo como una espectadora, descubría lo esencial: lo que realmente había hecho mal.
Encendió la pantalla del teléfono, que se había apagado, y volvió a mirar la boleta de calificaciones.
Una lágrima cayó sobre el cristal, justo sobre el nombre de Isabella Star.
Nunca había tenido la costumbre de revisar los mensajes del grupo de padres.
Siempre había creído que lo importante en un niño era su carácter, no sus notas.
Pensaba que había sido una buena madre: dedicó diecinueve años de amor a Ana y aun después de descubrir la existencia de su hija biológica, se negó a enviarla a vivir con sus padres biológicos, que vivían en malas condiciones.
Pero ahora… al recordar que había levantado la mano y abofeteado a Isabella, sintió que había fallado como madre.
No educó bien a su hija adoptiva,
e incluso su hija biológica terminó siendo rechazada por ella misma.