El ambiente en la sala era denso y silencioso, hasta que alguien rompió la tensión:
—¡Isabella es una estudiante impresionante!
Aquel comentario bastó para romper el aire sofocante.
Quincy parpadeó, como si despertara de un trance, y murmuró para sí misma con una sonrisa temblorosa:
—Soy muy afortunada de tener una alumna así. No solo aprende por sí misma, sino que también inspira a toda la clase.
Recordó cómo Isabella siempre estudiaba en silencio, con la cabeza agachada, sin distraccione