Joaquín la miró confundido, se acercó a ella, hasta estar cerca de sus labios.
—La única mujer que he amado y amo, eres tú, Diana.
Él besó sus labios, fue un beso lento, que fue interrumpido por los gritos de los niños.
—¡Mamita!
Diana se levantó enseguida y cargó a Opal y luego a Ónix dándoles dulces besos, los sentó en las sillas y trajeron el desayuno.
Margot llegó justo después.
Se sentó con ellos, y desayunaron.
—Margo, hermanita, ¿puedes hacerme un favor?
Margot asintió.
—Lo que sea, ¿Qué