Joaquín miró al hombre con rabia, solo imaginar que pudiese tocar a su esposa, que hubiese mentido y no fuese su hermano.
Diana sonrió levemente.
—¿Qué hacen aquí? —exclamó Rodolfo—. Pensé que habías elegido a este hombre que a tu hermano y familia.
Diana se sorprendió, pero bajó la mirada.
—Yo…
—¡¿Quién eres tú?!
Rodolfo miró al hombre con ojos acerados.
—¿No me conoces? ¿De verdad? Hablemos aparte, tú y yo, de hombre a hombre, si te atreves.
Los ojos de Joaquín se volvieron crueles, no acepta