Al día siguiente.
Joaquín estaba vistiéndose, Diana recién despertó, sus ojos parecían cansados, no era para menos, ayer había dormido muy poco.
Èl la escuchó llorar, era un llanto muy lento y silencioso, como si no quisiera ser descubierta.
Diana fue a vestirse, no le dirigió una sola palabra.
—Te veo en el jardín, desayunaremos y luego, iremos a buscar al tal Rodolfo Larson.
Joaquín salió y cerró la puerta de un portazo, se notaba que aún estaba furioso.
Diana tocó su pecho, no tenìa como com