—¡¿Qué hija, mi amor?! No, hemos tenido un bebé, es un varón, y aquí está, sano y salvo —respondió Rodolfo con voz temblorosa, tratando de calmar a Margot.
Margot, con los ojos llenos de desesperación, miró al pequeño en sus brazos y sacudió la cabeza, como si su mente se negara a aceptar la realidad que tenía frente a ella.
—¡Ese no es mi hijo! Yo tuve una niña, sí, ¡tuve una niña! ¿Dónde está mi hija? —su voz se tornó aguda, cargada de angustia.
Rodolfo la miró con temor, su corazón latía desb