Zafiro tuvo miedo, y decidió alejarse de él.
Mientras tanto, Martín, desesperado, intentó llegar a la mansión para hablar con Aimé, pero fue rechazado de inmediato. La sombra de la policía aún lo perseguía, y no podía arriesgarse a ser detenido nuevamente. En su frustración, se enteró de que habría una fiesta el fin de semana en la propiedad de los Rinier.
—Debo esperar... Sé que podré hablar con ella allí. Aimé, no puedes permitir que nuestro amor termine por culpa de personas malvadas —murmur