Gabriel
La puerta se cierra detrás de mí con un sonido seco que me retumba en el pecho.
No sé si fue buena idea venir solo.
Lo pensé mil veces en el trayecto, con el volante apretado entre las manos y el recuerdo de la voz de Catalina repitiéndose en mi cabeza como un eco imposible de apagar: “No vuelvas a subestimarla. Emma no es fuerte, pero es peligrosa.”
El lugar es neutro. Demasiado.
Una oficina de alquiler por horas, paredes blancas, muebles impersonales, sin ventanas. Iván eligió bien. N