80. Una declaración
Catalina
Despierto sintiendo leves caricias en mi cuerpo y de manera inmediata una sonrisa se forma en mis labios antes de girarme y quedar frente a frente con Gabriel.
Se ve cansado y preocupado, pero conservo mi sonrisa, porque lo último que quiero es que el se cierre conmigo.
—Buenos días, señor San Román—susurro, consiguiendo que él me sonría más grande, antes de acercarse y rozar sus labios con los míos.
—Buenos días, amor mío ¿Dormiste bien?
—Lo hice, tuve al lado a un hombre apuesto que