64. ¡No lo van a tocar!
Catalina
Un día en esta celda se siente como una eternidad. No hay iluminación, nos privan de alimento más que agua y pan y dormir es imposible.
Además el dolor en mi cuello debido a la agresión de esa mujer es casi insoportable, pero con todo y eso en lo único que puedo pensar es en Samuel, tengo que saber que está bien.
Debo hablar con Gabriel y advertirle.
Pero estoy encerrada.
El tiempo aquí no pasa, se arrastra. El aire huele a humedad estancada, a sudor viejo, a desesperanza. Cada hora es