28. Un lugar seguro
Gabriel
Si alguien me hubiera dicho que estaría un viernes por la tarde en una dulcería viendo a un niño de tres años comerse una torta de chocolate en una llamada “Tarde de hombres” me habría burlado en su cara.
Pero aquí estoy, escuchando atentamente como el pequeño me cuenta que su madre insiste en que yo no soy en realidad un príncipe. La sola idea de imaginar a Catalina tratando de convencer al niño de que deje de llamarse de esa forma, sin conseguirlo, hace que una sonrisa se forme en mis