Explicarle a Ian la realidad de su familia no les toma mucho, solo le entregan los libros de contabilidad, la lista de propiedades y empresas registradas, las sociedades y los bonos.
Ian se cae de trasero en la silla y luego mira a sus padres.
—Demonios… no tenía idea de que la fortuna se había expandido tanto.
—Es un trabajo que hemos hecho como familia. Tú te fuiste porque querías tus propios logros, pero tus hermanas no y me salieron bien aplicadas con eso de las finanzas. Tenemos a seis reinas del oro, como el rey Midas, y por eso mismo es que con tu madre quisimos mantener el secreto bancario, más que para no ostentar nuestra fortuna.
—¡¿Tienen una casa en Yemen?! —los mira con horror y su madre se ríe—. ¡¿Quién carajo compra una casa en una zona de guerra?!
—Nosotros… funciona como hospital básico y escuela. Ese fue el regalo de cumpleaños que Emilia nos pidió hace tres años, ella es la que busca el financiamiento y lo hace perfecto.
—Y yo soy el único que no ha aportado nada, p