El fin de semana se le pasa tenso y silencioso a Ian. Andrea no ha dicho nada más, ni siquiera para decir a qué hora llega o si en verdad se quedará en un hotel.
María Gracia, su hermana a cargo de los hoteles, le dice con cariño mientras él mira un álamo.
—Hasta ahora no tengo ninguna reserva registrada a nombre de Andrea o algún Martínez, tampoco de un Honores.
—Seguramente se registrará cuando llegue aquí. La conozco, no cederá tan fácilmente si cree que tiene la razón… precisamente eso nos tiene así.
—¿No has pensado en que está arrepentida?
—Claro que lo está, pero es demasiado orgullosa para reconocerlo y si no mantengo mi postura, ella creerá que puede hacer lo que quiera conmigo.
—En eso tienes razón… quien ama más suele ser siempre el más perjudicado. El amor es el arma más peligrosa, tiene filo, aunque no es un cuchillo; perfora, aunque no sea una bala.
—Saliste poeta.
—¿Cómo crees que conquisté a tu cuñado? Con el carácter que tengo, no se me habría acercado ni por casualid