Ya sabemos de Andrea, Carlo y Rebeca, pero nada de Ian… hasta ahora.
Tras dejar a Andrea en el hotel, Ian viajó de regreso a casa, buscó sus cosas y se encerró con su hija un par de horas para estar con ella. Cuando la dejó en los brazos de su tío Sebastián, le partió el alma, pero estaba muy seguro de que era lo mejor.
Luego de eso, solo pasó para presentar su renuncia y luego de eso, tomó un avión hacia Lago Ordóñez, en donde la casa familiar lo esperaba desde hace tanto tiempo y él se negó a ir por querer ser el hijo autosuficiente. Aunque demostró serlo en todo sentido, menos en el amoroso. En ese, le fue fatal.
Abre sus ojos, sabe que es cerca del mediodía porque el sol está iluminando lo suficiente para un día de otoño y cuando se gira, se encuentra a su madre con una enorme sonrisa.
—¿Cómo te sientes, mi amor?
—¿Me creerías si te dijera que siento como si no fuera yo? —cierra los ojos y hace un puchero—. La amo, mamá… la amo más que a mi propio ser y sé que eso es malo, por eso