El estruendo del portazo resonó en la habitación como un disparo. Jenny se estremeció al sentir cómo la madera vibraba, confirmando con ese golpe seco lo que su instinto ya le gritaba: Leonel no era el hombre que le prometía un hogar, era un demonio que la mantenía en cautiverio.
Se dirigió hacia el baño, buscando refugio bajo el agua tibia. Al salir, se vistió mecánicamente y regresó a la cama.
No saldré tras él, pensó. Me quedaré aquí todo el día.
Mientras Jenny permanecía en la cama, s