Al llegar a la residencia de Moisés, el auto se detuvo y, apenas se abrió la puerta, ambos bajaron. La atmósfera dentro del recibidor era pesada, cargada de una expectación que cortaba la respiración. Leonel estaba allí, sentado, sumido en un silencio gélido que se rompió en el instante exacto en que sus ojos se encontraron con los de Jenny.
Él se puso de pie con una fluidez depredadora. Jenny, arrastrada por un impulso que no pudo controlar, acortó la distancia en un suspiro y se arrojó a su