Tras la siesta, Jenny comenzó a removerse entre las sábanas. Al abrir los ojos, la oscuridad de la noche ya había invadido la estancia. ¿Qué pasó? ¿Por qué está tan oscuro? Se quedó sumida en un sueño profundo, pero una mano grande y firme, aferrada a su cintura, le recordó que no estaba sola.
Se giró con delicadeza. Leonel seguía a su lado, con los ojos cerrados. Se veía tan apacible, tan cálido; esos rasgos relajados que nunca mostraba al mundo la cautivaron. Con un dedo tembloroso, trazó l