Capítulo 41 – Las promesas para que vuelva.
El amanecer llegó sin que me diera cuenta. La sala de espera estaba casi vacía, iluminada por una claridad fría que se filtraba por los ventanales. Margaret dormitaba a mi lado, con la cabeza ladeada y el pañuelo aún apretado entre sus manos. Yo, en cambio, no había podido cerrar los ojos. Cada pitido que alcanzaba desde los pasillos me mantenía alerta, como si temiera que en cualquier momento alguien viniera a darnos la noticia que más temía.
Me levanté despacio, estirando las piernas entumeci