Kaiser irrumpió en la habitación principal de la cabaña con su gracia vampírica habitual, su silueta alta y pálida cortando el aire cálido como una sombra viviente. En sus labios se formó una sonrisa arrogante al ver el ceño fruncido de Xylos.
Le costaba entender como el alfa se daba cuenta que llevaba esa sonrisa, ya que Xylos dejó salir un gruñido.
—¿Dónde mierdas estabas? —preguntó, su voz un rugido bajo.
Kaiser se quitó el abrigo con un movimiento fluido, colgándolo en un perchero cercan