El pesado cerrojo de hierro cayó con un sonido sordo, aislando el austero cuarto del resto del lúgubre monasterio. Evander cruzó la habitación con pasos largos cargados de furia contenida.
El agobiante silencio entre los fríos muros era una extensión de la aplastante tensión que gobernaba sus pensamientos tras escuchar la advertencia del Consejo.
El guerrero oscuro se detuvo frente a la única ventana estrecha, apoyando ambas manos sobre el alféizar de roca viva.
La oscuridad exterior ocultaba