El hielo trepaba por la madera de las cunas con el sigilo de un depredador venenoso, pero el instinto del Alpha fue infinitamente más rápido.
Ronan no perdió un solo segundo en respirar el aire frío que había invadido su santuario. Su cuerpo se movió con una letalidad borrosa, cruzando la habitación antes de que Seraphina pudiera siquiera parpadear. El lobo hundió sus manos directamente en el interior de las cunas.
Arrancó a sus gemelos de las mantas, apretando los dos pequeños cuerpos contra