La atmósfera de la fortaleza mutó. El ambiente festivo fue degollado en un parpadeo, reemplazado por el dominio implacable con el que la Bestia del Norte gobernaba el territorio invernal.
Evander no era un líder que pronunciara discursos tranquilizadores. Su transición al Alpha de las sangrientas leyendas fue absoluta, un despliegue de autoridad y ruina que consumía la escasa luz de la noche.
Y, contra todo sentido de autopreservación, a Iris le fascinó presenciar esa posesividad oscura apoder