El invierno había llegado al pueblo, no solo en la nieve que cubría los picos de los árboles y los tejados recién reconstruidos, sino en el silencio helado que habitaba en los pasillos de la mansión.
Habían pasado tres meses. Noventa días desde que el fuego se llevó la mitad de su alma. Noventa noches desde que el mundo de Seraphina se redujo a cuatro paredes de piedra reforzada y ventanas que solo mostraban un exterior prohibido.
Seraphina mecía a Iris en sus brazos, caminando descalza sobre l