Los ojos de Aurelia se abrieron antes de que pudiera detenerse.
—Sí, yo… —Las palabras quedaron suspendidas en el aire, pesadas por la vulnerabilidad. Llevaba tanto tiempo buscando a su padre, persiguiendo sombras y historias a medias recordadas de su madre. Admitirlo en voz alta ante Ronan se sentía como quitar otra capa de su cuidadosamente protegido corazón. Pero antes de que pudiera terminar la frase, una voz fuerte y burlona cortó la cocina como un chorro de agua fría.
—¿Qué están haciendo