Aurelia salió de detrás de una alta estantería repleta de artículos para el hogar, con los brazos sosteniendo un pequeño paquete de pañuelos y una botella de agua. Las luces fluorescentes del centro comercial proyectaban un brillo duro sobre su expresión confundida.
—¿Qué pasa, Mira? Te oí llamarme a gritos —preguntó, con voz teñida de preocupación mientras se acercaba a su mejor amiga.
Mira estaba congelada en medio del pasillo, con el carrito abandonado a unos metros. Se giró lentamente hacia