Aurelia estaba sentada en su escritorio en el decimoquinto piso de Innovatech, tecleando con ritmo constante mientras terminaba un informe de depuración. La oficina bullía con la energía habitual de la tarde: los compañeros comentaban en voz baja las fechas límite, se oía el suave clic de los ratones y alguna que otra carcajada proveniente de la sala de descanso. Miró el reloj. Las cuatro y media. Ya casi era hora de terminar por hoy.
Guardó su trabajo, apagó el ordenador y cogió su bolso. De c