El sol de la mañana colgaba bajo sobre el skyline de Nueva York, proyectando largos rayos dorados a través de la bulliciosa autopista. Aurelia agarraba con fuerza el volante del elegante deportivo, con los nudillos pálidos contra el cuero negro. El sueño había sido esquivo la noche anterior, atormentado por las crueles palabras de Selene, el chirrido de los neumáticos apuntando a su cuerpo y las confusas revelaciones sobre Ronan y su misterioso yo. Sus ojos se sentían pesados, rodeados por el l