Se acercaron al mostrador de atención al cliente en la entrada del centro comercial. Las luces brillantes del techo se reflejaban en el suelo de mármol pulido. Una mujer guapa, con uniforme impecable, estaba detrás del mostrador; llevaba el cabello recogido en un moño profesional y una placa con su nombre bien prendida en la blusa. En el momento en que sus ojos se posaron en Aurelia, todo su rostro se iluminó con un reconocimiento genuino y cálido.
—¡Señorita Aria! Bienvenida de nuevo —dijo ale