—No puedes hacerme esto, Marta —murmuró Marcos, apretando con fuerza los puños y la mandíbula.
Aunque sentía ganas de derribar todo lo que tenía frente a él, tuvo que contenerse su ira. ¿Cómo iba a explicarle a Laura su comportamiento? Se asomó nuevamente a la ventana y la vio pasearse por el jardín con suma tranquilidad. En ese instante, sintió rabia. Ella era la culpable de lo que estaba pasando. Ella le había dicho a Marta sobre su encuentro de esa noche anterior.
Por su manía de andad con