Antes de que Mercedes lograra hablar, Lucía lo impidió:
—Está mujer se ha desquiciado. Quiere no sólo culparse de que Laura se sintiera mal y acusarme de querer dejar sola a mi hermana.
—¡¿Qué?! —preguntó Marcos.
—Señor —intervino Mercedes.
Marcos volvió el rostro hacia su empleada y le ordenó:
—Deme un vaso con agua. ¡Rápido!
La mujer corrió hacia el refrigerador, mientras Marcos confrontaba a su cuñada.
—Es mejor que te largues de mi casa, ahora mismo, Lucía. —escupió.
—No puedes echarm