La mañana siguiente, Marta llegó como de costumbre a la empresa, aunque había dormido toda la noche, se sentía exhausta.
Entró a su lujosa oficina, tomó asiento, abrió su computador portátil y revisó algunos documentos pendientes. Sin embargo, no lograba concentrarse como de costumbre. Había algo que le incomodaba aunque quisiera ignorarlo.
La actitud del esposo de su amiga, era bastante indignante para ella.
—¡Es un imbécil! —exclamó sin notar que su asistente había entrado en ese momento.