—No podemos seguir con esto, entiéndelo —Marta exhaló un suspiro de pesar.— Es mejor dejar esto hasta aquí y que cada quien siga con su vida.
Marcos apretó los puños con fuerza, conteniendo la rabia, la tristeza y la impotencia que le provocaba aquella situación. Porque aunque él desearía poder hacer algo para demostrarle lo que sentía… lo cierto era que no tenía mucho que ofrecerle a Marta.
No lo que en realidad, ella merecía. Un hombre que la amara y protegiera de todo, de todos.
—No sé qué