—Solo te pido que no hagas sentir incómodo a Ignacio —añadió con suavidad—. Marta necesita apoyo, no sentirse vigilada.
Marcos asintió y juntos regresaron a la mesa.
Ya de vuelta, Laura y Marcos se sentaron. Mientras ella hacía preguntas, Ignacio hablaba animado, intentando integrar a todos en su conversación. Marta asentía con una sonrisa amable. Pero, en el fondo, su mente estaba en otra parte.
Ella sabía perfectamente por qué Marcos la miraba de esa manera, y el porqué de su actitud hostil