Durante los primeros días en casa, el ambiente estuvo cargado de un silencio espeso, como si las palabras no encontraran aún su lugar. Laura cuidaba de la bebé con ternura, mientras Marta la observaba desde la distancia, intentando no invadir ese espacio que, por derecho, le pertenecía a su hermana.
La primera noche fue difícil. La niña lloraba sin cesar, rechazando el biberón una y otra vez, hasta que Laura, agotada, se rindió y le acercó a Marta.
Ella la tomó con manos temblorosas, la acunó y