Marta sintió un líquido tibio recorriendo sobre su piel.
Repentinamente, la puerta se abrió de golpe mientras,
—¡Lucía! —la voz de Marcos resonó en la sala.
Ella giró de inmediato, sobresaltada, aún con el arma en la mano, presionando el gatillo sin lograr accionar el arma. Había olvidado quitar el seguro
El rostro de Marcos se transformó al ver a Marta encogida sobre el sofá, con las manos protegiéndose el vientre y Lucía temblando, apuntándole sin saber ya a quién.
—¿Qué demonios estás