Marcos salió de su oficina intentando convencerse a sí mismo de que aún tenía el control de la situación.
—Ningún imbécil va a quitarme lo que es mío —gruñó con enojo.
Subió al coche y encendió el motor con brusquedad. Pensó en llamarla, en exigirle una explicación, pero enseguida se contuvo. No quería advertirle de su llegada; necesitaba ver y descubrir lo que en realidad estaba sucediendo con Laura.
¿Por qué le había estado ocultando cosas? Se preguntó, pero de su mismas dudas surgió un pen