Mundo ficciónIniciar sesiónEvelyn creyó haber encontrado al hombre de sus sueños, aunque eso se destruye de forma repentina al descubrir que el hombre que ama era un agente que iba tras su familia. Su mundo se derrumba, ya que pierde todo lo que una vez la hizo ser de débiles sentimientos. Es liberada, y con una sola salida; volverse la mujer más temida y sin emociones que una vez dijeron que sería. Aguardando para tomar venganza contra ese hombre que logró desestabilizarla. Ahora, guarda un secreto que no dejará que nadie conozca. Sin embargo, el día que esperaba llega cuando menos lo espera...Logan Crown vuelve a su vida con una pregunta que exige una respuesta. Solo que esta vez, nadie tiene derecho a exigir, solamente ella. Ya no es la misma. Pero él tampoco. Ahora no tiene motivos, ni sentido en su vida...o eso piensa. ¿Podrá haber apagado esos sentimientos? ¿Podrá resistir ante las verdades que estallarán esta vez? ¿Logan ganará la oportunidad de mostrar sus verdades? ¿Qué hará al verla en brazos de otro hombre?
Leer másNarrador Omnisciente. El comisionado respira como si el aire fuera vidrio molido que quiere desaparecer. Sus ojos vuelven a fijarse en Evelyn justo cuando ella se lleva la mano al estómago, mientras le apunta.—No hagas esto— presiona los labios. Pero Logan no reacciona, no escucha, ni tiene conocimiento de nada más que de la estaca que se le entierra en el centro del pecho al ver a esa mujer con la mirada rota. —Por favor. El dolor en su pecho le hace dudar, pero la orden en su cabeza es la misma desde que la escuchó; matarla. No hay tarea cumplida y es lo que le hace bloquear con el antebrazo. El impacto resuena en el hueso. Sin embargo, Evelyn saca una hoja que le abre la piel, pero no penetra cuando su marido le atrapa la muñeca.Evelyn gira sobre su propio eje, soltando el arma a propósito. La mano libre se clava en su tráquea con una técnica precisa, buscando colapsar el flujo de aire.Logan retrocede medio paso, absorbe el golpe y responde con un empujón brutal que la lanza c
Narrador Omnisciente. Ignorante de lo que pasa, Evelyn se asegura de que nadie los siga, reuniéndose en el camino con el resto de su gente, quien le corrobora que no hay gente del ex ministro detrás de ellos. Continúan el camino con la misma cautela, hasta llegar a un punto intermedio entre el sitio del intercambio y su casa, en donde Logan es quién baja primero, ella lo hace después, sin detenerse a pensar en lo que acaba de pasar se lanza sobre él. Todos observan desde que ponen los pies para formar un circuito de seguridad amplio.No merma la fuerza, tampoco el impacto contra su torso. Logan retrocede medio paso, lo justo para absorber la embestida sin perder el equilibrio. Sus brazos se cierran alrededor de ella en automático, como si recordara exactamente cómo hacerlo… pero no por qué.Evelyn siente al instante la rigidez. La falta de ajuste natural del cuerpo contra el suyo.No hay ese segundo imperceptible donde Logan solía inclinar la cabeza para enterrarse en su cuello, ni
Narrador Omnisciente. —Está en camino— informa el vigía de Malrick, quien está en la primera bifurcación. Las camionetas siguen pasando, él se mantiene girando la llave de cruz, mientras Donovan, malhumorado, voltea la cabeza hacia el otro lado de la carretera. —O nos estamos volviendo mejores leyendo estrategias o ellos están perdiendo la habilidad— menciona Lukyan, con comunicación directa hacia los otros cuatro vehículos. GIra el volante siguiendo su ruta.—Ambos— la Medusa, a través del auricular, se ríe ajustando el abrigo. Casi es mecánico. Como si Evelyn hubiese quedado en la casa, junto a una Aihnoa que desliza el cepillo sobre el cabello de su muñeca más preciada. Ahora no hay una princesa real, ni una bioquímica, tampoco se puede ver a la mujer, sino al ser místico que hacer removerse incómodo a sus propios hombres cuando ella apenas pestañea. La caravana no reduce la velocidad. Los vehículos negros avanzan como un solo organismo, sin espacios innecesarios, sin movimien
Narrador omniscienteInglaterra, donde las mañanas nacen envueltas en bruma y la piedra antigua conserva siglos de silencio, siempre ha vestido una sobriedad que roza lo solemne. Los jardines impecables, las fachadas georgianas y los cielos perpetuamente grises componen una elegancia incomparable, disciplinada y envidiada, como si el país entero hubiera sido educado para crear la imagen que cuenta su historia. Pero esa sobriedad, habitual y casi estética, adquiere un peso distinto.El negro cubre las vestimentas de miles. Comparten el luto que une a la nación entera.Las campanas resuenan en ciudades y pueblos con la misma aflicción. Las calles se llenan de trajes oscuros, velos y flores marchitas. Carrozas fúnebres avanzan como sombras sobre el pavimento húmedo, mientras las multitudes guardan un silencio que no nace del respeto, sino del cansancio de perder.Inglaterra no parece más oscura. Lo está. Lo siente y lo trasmite.Malrick lo disfruta, tanto como le regocija ver a su mejor
Narrador Omnisciente. Hay una barrera muy delgada entre cada pensamiento que esa noche respiraba Inglaterra. Un mundo capaz de colisionar, porque todos miran en la misma dirección y saben —aunque nadie lo admita— que encontrarse ya no es una posibilidad, sino una decisión tomada.Nada de eso, sin embargo, logra ordenar la mente del fiscal.No consigue dormir.Su esposa lo sabe incluso antes de abrir los ojos. Lo sigue con la mirada hasta encontrarlo de pie frente a la ventana, inmóvil, vigilante, como si la oscuridad pudiera devolverle respuestas si la observa el tiempo suficiente.Si algo puede asegurar sin necesidad de comprobarlo, es que no es el único ahogándose en pensamientos sin forma ni propósito.A kilómetros de allí, otra mente se desmorona en silencio.Decirse que debe ignorarlo funciona solo de labios hacia afuera.Evelyn deja caer una gota dentro del cilindro transparente de un bolígrafo modificado. El líquido fluorescente con trazador de rodamina B, se desliza con lenti
Merle Volclain. Respeto la distancia que siempre se ha señalado. Me mira, lo miro. Dándome cuenta de que las cámaras nos apuntan y que si saco el arma...—¿No te han dicho que la curiosidad puede convertirse en un problema?— siento la mano de Severine sobre mi hombro. Trae un vestido blanco, con unas botas del mismo color, trayendo a mi cabeza a alguien. —¿Qué buscas aquí?—Quería ver al tan alabado Hellhound— resumo. —Un shadow más. Vacíos cerebros con buenos reflejos a la orden instalada. Creí que era algo sobre natural. O eso decías que ibas a dar— parece ofendida. Que se dude de sus capacidades siempre la molesta. —¿Qué pasó, baronesa? ¿Te quedó grande el título?—Tu frustración no es mi problema, general— retoma su confianza. —Dije que puedo replicar y lo cumplí. Este y diez más lo confirman.Cierra la boca como si hubiese cometido un error. Pero finjo no verlo. —Deberías estudiarlo más tiempo. No vaya a ser que crear un arma de alto calibre, no sea tu fuerte—vuelvo a mirar al





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