86. Golpes II
Durante el trayecto al hospital marqué a Sam, el asistente de Arturo. En cuanto escuchó mi voz y notó la urgencia en mi tono, su actitud cambió por completo. La preocupación se coló en cada una de sus palabras, y en ese momento supe que podía confiar en él. Sam apreciaba de verdad a Arturo, eso era evidente.
—No se preocupe por Lisa —me dijo con voz firme—. Mañana yo mismo la llevaré al colegio. Le diremos que su papá tuvo que salir a un viaje de trabajo por unos días.
Agradecí su calma, aunque