112. Hermanos a pesar de todo
Arturo Abad Rocamonte
Cuando terminé mi desayuno, reuní el valor para buscar a mi padre. No quería esperar más; llevaba días dándole vueltas a esa conversación, como si las palabras se atoraran en mi garganta cada vez que intentaba practicarlas mentalmente. Caminé hasta su despacho despacio, apoyándome ligeramente en el marco de la puerta antes de tocar.
—¿Padre? —pregunté asomando la cabeza.
Él levantó la vista de unos documentos, frunciendo el ceño como si lo hubiera interrumpido de algo de