87. Humillaciòn
Ana Paula Lago
El sonido grave de la puerta al abrirse me sobresaltó. Me puse de pie de inmediato, con el corazón dándome un vuelco en el pecho. No esperaba visitas a esa hora… y mucho menos a ella.
Ahí estaba, esa mujer rubia de la que Arturo me había dicho que nunca fue su novia. Y, sin embargo, verla ahí, en la habitación, abalanzándose sobre él para abrazarlo, me dejó completamente inmóvil.
—Amor… amor, todo va a estar bien. Estoy aquí… ¿Quién te hizo esto? —murmuraba con voz melosa mientra