85. Golpes I
Ana Paula Lago
Eran casi las diez de la noche. Le había enviado un mensaje a Arturo deseándole buenas noches, pero seguía sin responder. Dudaba entre esperarlo un poco más o rendirme al sueño; quizás estaba ocupado… o simplemente dormido. Me di diez minutos, solo diez, mientras iba a la cocina por un poco de agua.
Llené un vaso con agua fría. El calor en Monterrey era insoportable, incluso de noche, y ni la calefacción del departamento lograba aliviar esa sensación pegajosa. Tomé un trago largo